Cómo trascender el síndrome del salvador

En el síndrome del salvador, una persona se volca en los problemas ajenos hasta el punto de responsabilizarse de ellos, queriendo resolverlos, muchas veces hasta al punto de olvidarse de si misma. En esta situación, la persona coge las riendas del drama o de las dificultades de otra persona, deseando solucionarle la vida al otro sea como sea.

¿Te has visto alguna vez ‘salvando’ a otra persona?

Las personas altamente sensibles tenemos cierta tendencia a caer en el papel de salvadoras (a veces, también en el de víctima; esto lo dejo para otro post :)).

 

¿Por qué somos las PAS especialmente proclives a situarnos en el rol de salvadoras?

Yo creo que por dos razones fundamentales:

A) Por un tema de empatía: Presenciar el dolor de otra persona duele mucho. Y más aún si creas un vínculo con ella. Y harías lo que fuera para mitigar este dolor. Que no es más que querer mitigar también el dolor propio.

B) Por un tema de ego (esta es la parte no tan bonita): Ser un salvador ‘mola’. Salvar a alguien nos hace sentirnos especiales, valorados o amados.

 

Así es como habían funcionado a veces estas dinámicas para mí:

Conoces a alguien que crees que necesita ayuda (puede que te la pida, o puede que no; depende de qué papel tome la otra persona). Empiezas a pensar que no sólo necesita ayuda, sinó que ‘te necesita’. ¿Quién va a ayudarle si no lo haces tú? Incluso puede que fantasees con cambiar la vida de esta persona, en el sentido de ‘sanarle’ y sanar su vida, o que tal vez esta vez, harás que las cosas sean distintas para él o para ella, que esta vez no lo pase tan mal. Incluso que ‘se dé cuenta’ de que cambiando ciertas actitudes podría cambiar ciertos desenlaces.

Suenan las campanas :p ¿Te ha pasado alguna vez? A mí sí :p Por muy loable que puedan parecer las intenciones del salvador, colocarse en esta posición no es sano para ninguna de las partes implicadas.

Al situarnos como ‘salvadores’, estamos fantaseando con ser el héroe en la historia de otra persona y, indirectamente, colocándonos en una posición de superioridad que justamente favorece el papel de víctima de la otra parte. No estamos ayudando a que la otra persona se empodere, y sea libre, y vaya cogiendo cada vez más confianza en si misma y en la vida… sinó todo lo contrario.

Hay una diferencia tremenda entre ‘salvar’ y ayudar al otro dándole herramientas y recursos a modo de apoyo. Proporcionándole respaldo, cariño, y esperanza. Para que esa persona se salve a si misma.

Las personas podemos ayudarnos muchísimo sin situarnos en una posición de salvador (o de víctima). Estas son algunas cosillas que he ido aprendiendo y que me han servido para ayudar sin colocarme en el papel de ‘salvadora’, manteniendo una relación entre iguales:

Cómo ayudar a otra persona sin tomar el rol de ‘salvador/a’

Siempre que sea posible, ayuda desde la abundancia, no desde la escasez
Ayuda desde lo que ya hay en ti, no desde lo que te falta. Ayuda para enriquecer la vida de los demás (sin esperar nada a cambio), no para sentirte bueno, sentirte amado, o sentirte útil. No es que sentirse útil y amado sea malo. Está bien, yo me siento genial haciendo muchas cosas de las que hago. Pero lo ideal es que sea más bien una consecuencia, en vez de un objetivo. El objetivo principal es la misma ayuda, el mismo amor. No lo que tú ganas con ello.

Cuida de ti
Esto está relacionado con lo anterior. Primero eres tú. Cuánto mejor estés tú, cuánto más te nutras y más plena sea tu vida, mejor podrás ayudar a los demás y que esta sea una ayuda sana. No siempre puede uno estar genial, a veces pasamos épocas peores y aún así puedes ayudar. Pero cuidar mucho de ti mismo es lo ideal para luego ayudar a los demás desde la abundancia.

Separa tu camino del de la otra persona
Sé consciente de que puedes ayudar, pero, salvo en casos extremos en los que alguien esté en una situación de vulnerabilidad de la que, por él mismo, no se puede hacer cargo; no cojas las riendas de la vida o de las dificultades de otra persona. La clave está en ayudar pero no responsabilizarse.

Intenta ayudar desde el amor y la compasión; no desde el dolor y la sobreempatía
En la sobreempatía nos ahogamos en el dolor ajeno. Empaparse del drama ajeno con tal intensidad que te rompe hace que ayudemos desde una posición de desesperación y dolor, más que desde una posición de amor.

Es muy difícil crear esperanza en otra persona, cuando ayudamos desde el dolor. Es como pretender llevar hasta la orilla a alguien cuando ambos vais en una balsa que se hunde y ninguno de los dos sabe nadar.

Es desde el amor, que puedes dar luz a la vida de otra persona. La verdadera naturaleza de la compasión es ponerse en el lugar del otro, empatizar con él, para luego distanciarse un poquito y poder ayudarle desde una posición de amor y esperanza (hablé de esto en La alta sensibilidad y el ‘dolor del mundo’ – cómo empatizar sin ahogarse en el dolor ajeno). Da un empujón a las personas. No te lamentes a su lado.

Ayuda para el empoderamiento y la libertad, no para la dependencia
Ayuda a los demás pensando siempre en proporcionarles herramientas que luego puedan usar por ellos mismos; ayuda para la independencia y la plenitud, no para la dependencia y la carencia.

Empodera a las personas, proporcionales herramientas para que cada vez sean más independientes y más ellos mismos. Cada persona funciona distinto, tiene distintas necesidades y distintos tesoros. Recuérdalo al ayudar a los demás. Nunca impongas tus herramientas ni tu punto de vista a nadie.

No ayudes por culpa
No te sientas culpable por vivir tu vida. Las personas altamente sensibles a veces sentimos tanto el dolor ajeno que hasta llegamos a sentir culpa por estar pasando una época supuestamente mejor que la de otras personas que conocemos; o nos sentimos mal al poner límites a los demás, para poder estar nosotros bien. Esto, a veces, también tiene que ver con el síndrome del superviviente, del que hablaré pronto en otro post.

Vivir tu vida está bien. Tienes derecho a ser feliz. Tienes derecho a una vida plena. Ayuda desde la plenitud y la alegría. La plenitud, la alegría… generan luz en la vida de los demás. Que tú estés bien ayudará a los demás, que cuides de ti nunca va a restar. Siempre suma.

Y, como ya hemos dicho…
No caigas en la trampa de ayudar por ego o para sentirte amado. Ayuda porque te sale de dentro.

 

Al final del día, no somos Dios. Podemos cuestionarnos el sufrimiento humano, intentar encontrar nuestras propias respuestas, pero nunca tendremos la respuesta final a por qué tanta tragedia, tantas situaciones terribles y por qué hay vidas que parecen un verdadero via crucis. No puedes responsabilizarte del ‘dolor del mundo’ (también hablé de esto en La alta sensibilidad y el ‘dolor del mundo’). Sólo puedes responsabilizarte de tu vida; y desde este lugar de empoderamiento, hacer lo que puedas para que la vida de los demás sea algo más bella.

Dar desde un lugar de abundancia (cuando cuidas de ti), de amor incondicional (sin buscar nada a cambio ni enaltecer tu ego) y desde la compasión (sintiendo el dolor ajeno sin ahogarte en él, trascendiéndolo) es dar desde una posición de completud, de plenitud y de amor que genera este amor y esta independencia en las personas que ya tienen la semilla de todo esto dentro de ellas. Ayuda a que las personas sanen y saquen lo mejor de ellas mismas. A que confíen en ellas y confíen en los demás.

¿Cómo ves estos consejos? ¿Añadirías alguno más? ¿Te has encontrado alguna, o varias veces, en el papel de salvador? ¿Cómo lo has llevado? ¿Con el tiempo, ha cambiado algo en ti en tu forma de ayudar a los demás?

Te espero en los comentarios 🙂

Un fuerte abrazo,

6 comentarios en “Cómo trascender el síndrome del salvador

  1. ¡Excelente Clara!¡Qué valioso todo lo que escribes!
    Cuando se toma conciencia y se aprende a vivir las situaciones de la vida con perspectiva, ¡cómo cambia todo! sin que nada haya cambiado mas que nuestra actitud. La actitud de salvadora ha sido de las más tóxicas en mi vida. Descubrir y aceptar los motivos egoicos que se esconden detrás de comportamientos aparentemente bondadosos, requieren de una gran dosis de autoobservación, humildad y aceptación de uno mismo. Es en este punto cuando la vida se pone interesante de verdad y, al menos en mi caso, le empecé a encontrar sentido.
    Muchos besos y te sigo leyendo.

    1. Hola Yaiza!!
      Sí, es como que empiezas a vivir una vida distinta, ¿no? Cuando se toma consciencia y lo ves con perspectiva… es un cambio muy fuerte. Yo, a parte de encontrarle sentido, siento más paz… y en los ámbitos en los que todavía no me siento así, al menos es como que tengo un ‘radar’ que me dice: ‘aquí pasa algo, hay algo por descubrir para poderlo sanar y llevar mejor’.
      La actitud de salvadora también era prominente en mi vida… bua, la de ‘chascos’ que me he tenido que llevar para darme cuenta de lo que pasaba!! Y aún siendo consciente, todavía tengo la tendencia… mi primera reacción a veces sería ‘acudir al rescate’, creo que lo que hago muy distinto es que me tomo mi tiempo para ver realmente la situación con perspectiva, como dices, y decidir qué quiero hacer realmente. Pasito a pasito en todo 🙂
      Me alegro de que te gusten los posts 🙂 Tienes una guía muy chula! Yo también te sigo 🙂
      Un abrazo fuerte fuerte,
      Clara

  2. ¡Muchas gracias Clara!
    Ostras, he estado en muchas ocasiones en esta situación. Y me acostumbré a construir relaciones así. Y pensaba que lo estaba haciendo bien porque claro, piensas que estás ayudando y que eso es lo mejor del mundo pero es lo que dices, te conviertes en una especie de esclava de tu propia buena intención. Y es peligroso porque eso ya no es ayudar. Y no tiene nada que ver con el amor. Pero eso lo ves mucho más tarde y es una pena. Puedes hacer y hacerte mucho daño si no ayudas bien y desde lo que tú dices, desde la independencia. Cuesta mucho no sobreempatizar, al menos para mi, pero se puede. Y es la única forma de tener relaciones sanas para todas las partes. Gracias!

    1. Hola Noe 🙂
      Lo de no sobreempatizar es de lo que más me ha costado, pero mucho muchísimo!! Me podía pasar horas llorando por situaciones duras que vivían otros. ¿Sabes cuál creo que es una de las cosas que más me ha ayudado? Estar en paz con mi dolor y con mi historia (bueno, o más en paz de lo que estaba… todavía hay cosas que tengo revueltas). Al darme cuenta de que el dolor se puede transformar, que hay camino más allá de la desolación, el trauma, la ‘tragedia’ (o lo que uno vive como una tragedia)… Estoy más en paz con el dolor en general, el mío y el de los demás. ¿No sé si me explico? No sé si te puede ayudar, a mí esto me ha ayudado.
      Lo de verlo más tarde… si te ayuda para el futuro, yo creo que está muy bien 🙂 Total, no podríamos aprender sin darnos cuenta ‘luego’ de las cosas 😉
      Abrazoooo!
      Clara

  3. Hola Clara, me siento identificado con el post. Me ha encantado leerte, ¡escribes muy bien, y se aprende bastante con estos post que publicas! Mi experiencia como hombre es que tiendo a ser el “salvador” de personas que necesitan que se les “eche un cable”. Tiendo a dar consejos (toda la vida ha sido así), sin embargo es algo que casi no puedo controlar, porque siempre me pasa con mis allegados y amigos, y familiares cuando intuyo que necesitan saber información de la que dispongo, bien porque la he leído en un artículo, o bien porque la he leído un libro. He detectado que cuando hablo de cosas concretas como alimentación y salud, o política y religión, la información que facilito o digo, no es bien recibida, y luego me baja la autoestima. Por otro lado, durante más de 4 años he actuado como salvador de un amigo, en el que se ha desgastado la relación de amistad, porque yo siempre le daba consejos (hasta hace poco sucedía) acerca de lo que tenía que hacer él o qué futuro debía tener con una chica con la que empezó a salir como pareja. Este rol de salvador también me ha desgastado a mí, y he dejado de vivir, para vivir la vida de este amigo, dejando de lado y no atendiendo decisiones importantes como la de elegir la mejor carrera académica para mí o cambiar a un estilo de vida mejor. Clara, me parece acertado todo lo que dices, y esto de salvador de ciertos grupos de personas tendré que seguir trabajándolo, porque esto me desgasta a nivel emocional. Gracias por compartir esta publicación, ¡enhorabuena! Un saludo cordial, Juan Félix

    1. Hola Juan Félix 🙂
      Yo creo que se pueden dar consejos sin ‘salvar’ a nadie. Es como compartir sabiduría vital tuya, para que luego el otro coja lo que le apetezca o le pueda venir bien… porque también el otro es distinto, algunas cosas le pueden ayudar, y tal vez otras no.
      El tema de que la info a veces no sea bien recibida, a veces creo que tiene que ver con eso. Las personas estamos en momentos vitales distintos, tenemos necesidades distintas (aunque sí es verdad que hay necesidades bastante ‘universales’ también), estructuras mentales distintas, creencias distintas… que el otro no lo reciba bien muchas veces no tiene que ver con la info que comunicas en si, sinó que tal vez no es la que el otro necesita en ese momento. Así que adelante con la autoestima 😉
      Por el tema de tu amigo, yo ahora en general intento no decirle a nadie ‘lo que tiene que hacer’ (realmente existe, eso?); sinó intentar ayudar a la persona a que descubra lo que realmente quiere hacer, o lo que le va a venir mejor o es más válido para él o ella. He descubiero que también es esto lo que más me ayuda a mí, cuando los demás me ayudan así. Es distinto 🙂 Y no cansa tanto, como dices. Salvar es agotador.
      Un fuerte abrazo,
      Clara

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

once + doce =