Alta sensibilidad: Aprendiendo a poner límites

¿Límites? ¿Eso qué es?

A las personas altamente sensibles, por lo general, nos cuesta poner límites. Y es importante que lo hagamos para ser libres, controlar nuestros niveles de energía y poder estar bien y, con ello (y a lo mejor te sorprenderá lo que te voy a decir) ser de la mejor ayuda a los demás.

Sí, eventualmente, poner límites sanos beneficia a todos. A ti, a tus relaciones, y a las personas que se relacionan contigo.

Esto de los límites ha sido uno de mis grandes caballos de batalla. Me ha costado y a veces me sigue costando, pero ‘lo peor’ es que antes ni siquiera era consciente de ello. Era prácticamente un ‘punto ciego’ para mí. Durante muchos años y en muchas ocasiones, prioricé ‘el baile’ de los demás, viéndome absorbida, invadida y abrumada por personas y situaciones y no siendo para nada consciente de que había una alternativa.

Adquirir consciencia de mi ser y mi espacio personal, del otro y hasta donde llega su espacio (y su influencia), de la separación entre quien soy yo y todos aquellos estímulos ‘que están en el ambiente’ y; en definitiva, del espacio que existe entre ‘lo de fuera’ y ‘lo de dentro’ (yo) ha supuesto para mí un viaje clave, que todavía sigue 🙂

Voy a compartir contigo cómo he mejorado con el tema de los límites 🙂

 

Cómo empezar a poner límites sanos

Familiarízate con tu eje y tu rádar
Es domingo por la tarde y te relajas. Escuchas música, lees, estás contigo mismo. Tal vez des un paseo. Esa sensación que consigues cuando has procesado lo que tenías que procesar de la semana y te has vaciado de ‘lo externo’, tienes las pilas recargadas y te sientes al unisono contigo mismo. Este es tu eje.

Esta es una posible manera, sencilla, de familiarizarte con tu eje, con la sensación interna que tienes cuando estás en él. También puedes hacerlo meditando, paseando, dibujando… son las actividades que te vacían de lo de fuera y te hacen conectar contigo mismo.

A lo largo del día y de la semana te relacionas con personas y te ves en distintas situaciones… y vas necesitando ratitos de ‘descompresión’ para relajarte, volver a ti, y seguir. Hasta ahí todo bien.

No obstante, puede que haya personas, o situaciones, tras las cuales te notas especialmente agotado y te cuesta mucho relajarte. O tras las cuales necesitas mucho tiempo de ‘procesamiento’ para volver a ti. Esas personas o situaciones te están absorbiendo más energía de la que deberían, y probablemente estén sobrepasando algún límite.

Aquí es cuando entra en juego tu rádar – ir entrenando la capacidad para detectar cuando algo te agobia, te agota o simplemente te hace sentir mal. Ser capaz de distinguir lo que TÚ sientes de lo que la otra persona siente, o lo que ‘está’ en el ambiente.

Define el límite
Una vez detectas esto (que algo o alguien te está agotando especialmente) piensa en el qué y el por qué. ¿Qué está pasando para que te sientas incómodo? A veces se puede tratar simplemente de una actitud de una persona hacia ti, y no de la persona en si. Y sólo con darte cuenta y comunicarlo, puede solucionarse muy fácilmente.

Hay límites más físicos y otros más psicológicos. Por ejemplo, puede que alguien te esté tocando o acercándose físicamente más de lo que a ti te apetece. O que te esté pidiendo más ayuda de la que tú puedes darle en un momento determinado.

Comunica el límite
Una vez has detectado lo que te molesta, hay que comunicarlo al otro o a los demás. Aprender a decir no y a comunicar tus necesidades forma parte del proceso del que hablamos.

Esto (que no es más que tener cierta asertividad), a veces, a las personas altamente sensibles, nos resulta más difícil incluso que definir y reconocer nuestros límites. Por lo general, no nos gusta el conflicto, y nos sentimos mucho más cómodos empatizando, ayudando, etc. que diciendo ‘no’ y comunicando nuestras necesidades.

Si esto es especialmente difícil para ti, al principio, puedes probar a decir no y comunicar tus necesidades a gente a quien le tengas confianza. Podrás observar sus reacciones y familiarizarte con esta faceta de las relaciones personales. Tal vez te vayas dando cuenta de que no es para tanto, una vez le empiezas a coger el tranquillo 😉  Lo más probable es que llegue el día que te empiece a salir automáticamente en el momento adecuado 🙂

Comunicar tus límites se refiere a eso. Puedes explicar cómo te sientes, pero no hace falta justificarlos. Los límites son algo muy personal. No te compares con otros, no es necesario 🙂 . Cada uno tiene los suyos y  todos son legítimos. A la vez que comunicas los tuyos, también debes escuchar y respetar los de los demás.

 

Poniendo límites cuando nuestro entorno no está acostumbrado

Cuando empiezas a poner límites y no solías hacerlo (o no muy habitualmente), te topas por primera vez con la reacción de los demás ante esta actitud. No a todo el mundo le va a contentar (de primeras) esta nueva postura y es posible que les cueste un poco acostumbrarse.

Intenta ser paciente, darte tiempo a ti y a los demás para asimilarlo. Los cambios de dinámica en las relaciones suelen ser un proceso; pero, con cariño y paciencia, siempre que hay amor, se resuelven. También existe la posibilidad de que al principio seas o muy tajante o muy suave, por el mero hecho de que esto es nuevo para ti. Con la calma. Ya irás encontrando tu propio equilibrio en este aspecto y tu propia forma de poner límites 🙂

Un pequeño apunte, sobre todo si acabas de descubrir que eres altamente sensible 😉 Redefinir unos límites más sanos no debe imponer tu alta sensibilidad a los demás. Una cosa es querer que los demás respeten tus límites, la otra esperar que los demás te sigan en tu aventura PAS. Cada uno tiene su propia aventura y, en cada relación (sea del tipo que sea), existe un espacio ideal, donde ambas personas se respetan y pueden vivir su aventura sin perjudicar al otro, incluso enriqueciéndolo y beneficiándolo (esto es lo ideal).

 

¿Y qué pasa con hacer sacrificios por los demás?

Sacrificarse no está ‘bien’ o ‘mal’. La cuestión está en que TÚ decidas en cada momento lo que quieres hacer. Si tú eres quien decide hacer sacrificios, eso está dentro de tus propios límites. No es ‘malo’ 🙂

 

Aprender a poner límites; desde conocer los tuyos propios, saberlos comunicar, saber lidiar con la reacción de los demás, etc. es un proceso. A mí me ha costado mucho (y me cuesta) todo este proceso. Intenta no enfadarte (o enfadarte poco;) ni sentirte mal cuando las cosas no te salen tan bien como te gustaría. Todo sirve de aprendizaje 🙂

Y es un aprendizaje que se lo vale. Unos límites más sanos pueden hacer que te sientas más libre, más ligero. Que tengas más espacio para poder respirar, para ti, para tu ser, para ‘desplegar tus alas’ 😉

¿Cuál ha sido tu experiencia con poner límites? ¿Te cuesta? ¿En qué punto del aprendizaje sientes que estás? ¿Qué es lo que te ha ayudado con ello? Te espero en los comentarios 🙂

Un fuerte abrazo,

3 comentarios en “Alta sensibilidad: Aprendiendo a poner límites

  1. Me encanta como lo explicas Clara, es verdad que poner limites se hace cuesta arriba pero desde luego es imprescindible para nuestro bienestar. Recuerdo hace algunos años como me implicaba en todo, lo que me pedían y lo que no, en el fondo de mi misma sabía que no podía con ello, pero tampoco sabía como parar. Esperaba que alguien me rescatará, al final fue mi propio cuerpo el que me paró con un problema de espalda que se alargó más de un año. En ese momento empecé a pensar en mi misma y que podía hacer para salir de esa espiral que no solo me dañaba a mí sino a las personas más queridas de mi entorno. Gracias a eso, que ahora entiendo que fue lo menos malo que me podía pasar, empece a practicar yoga, y a estudiar lo que siempre había querido.
    También recuerdo la primera vez que dije no a algo, estuve buscando la forma de decirlo y dándole mil vueltas al asunto para después comunicarlo de manera bastante brusca a la persona que sorprendida me miraba con asombro en parte porque no lo esperaba, ya que nunca le había negado nada, y en parte supongo que por las formas. Luego se lo intenté justificar diciéndole que estaba bastante estresada y con muchas cosas de las que ocuparme, pero no sé si lo empeoré. Luego me sentí culpable pensando en el dicho “si quieres puedes” pero al final también fui capaz de darme cuenta que hay personas que saben sacar provecho de los demás y saben detectar a los que somos “fáciles”. No creo que lo hagan con mala intención, sino como mecanismo de supervivencia, pero tenemos saber detectarlas nosotros también.
    Creo que es bueno hacer caso de nuestra intuición a la hora de decidir en quien o en que gastamos nuestras energías. Y sobre todo aprender a usar eso que recomiendas “la asertividad” como forma de comunicación y en esas estoy 🙂

    1. Hola María Isabel!
      Sí, muchas veces son los problemas de salud los que ‘nos paran’ y nos hacen recapacitar. A mí también me ha pasado 🙂 Y también empecé a hacer por fin las cosas que quería hacer tras llegar a un punto de ‘no retorno’.
      Me encanta como explicas lo de la primera vez que dijiste ‘no’, me veo súper reflejada. Esas dudas e idas y venidas de pensar: “¿Estaré realmente haciendo lo correcto o podría ‘esforzarme’ más?” Es una sensación muy rara cuando te empiezas a priorizar. También he tenido momentos de llegar a ser borde simplemente porque no tenía ni idea de como poner límites y expresar mis necesidades.
      Y sí! La intuición! Yo ahora suelo hacer ‘lo que siento’ en casi todo y me va mucho mejor. Almenos a mí me funciona 🙂 La intuición es muy sabia 🙂 Almenos en mi caso, me va genial!! Todos somos distintos… para mí es una gran guía 🙂

  2. Hola Clara!
    Esta buenisimo como lo explicas, estoy tocando ese momento donde necesito expresar limites y no se como hacerlo sin sentir miedo a que dejen de quererme o al abandono, aun no tengo un vínculo sano , amoroso y fluido con los límites
    Abrazo

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