La alta sensibilidad y el ‘dolor del mundo’ – Cómo empatizar sin ahogarse en el dolor ajeno

Una de las características principales de las personas altamente sensibles, es nuestra facilidad para empatizar emocionalmente con los demás. Esta capacidad, que es una cualidad, puede llegar a convertirse en una desventaja (tanto para nosotros, como para los demás) si caemos frecuentemente en la sobreempatía (empatizar en exceso, hasta el punto de ahogarnos en las emociones ajenas).

Hasta hace un par de años, en mi vida había ido intercalando épocas (la mayoría de ellas) en las que me dejaba llevar por el dolor ajeno, con alguna otra en la que luchaba para anestesiarme de este dolor… por una parte, para que no doliera tanto; por otra, porque me habían dicho tantas veces que lo era lo que ‘debía hacer’, que me lo tomé como algo que tenía que arreglar, algo que andaba ‘mal’ conmigo: “No es normal que las situaciones ajenas te afecten tanto. No es tu problema. No te impliques. Céntrate en tu vida. Pasa.” Sí, desafortunadamente, muchas veces ese es el mensaje que recibimos del exterior.

Me costó llegar a entender, que no se trata de una cosa ni de la otra. Como personas altamente sensibles, nuestra capacidad para la empatía es una cualidad. Hasta un límite.

Empatizar con el dolor ajeno, es una gran cualidad. Dejarte absorber por ese dolor, es un problema, para ti y para los demás. Tu sufrirás, y tampoco serás capaz de ayudar adecuadamente a aquel que está sufriendo.

No se trata de anestesiarte contra el dolor ajeno. Ni siquiera se trata de no sentirlo con toda la intensidad que te llega o que te sale naturalmente. Pero lo ideal es no quedarse ahí. Para ayudar desde la compasión, se debe transcender el dolor que te llega de la otra persona. Igual que lo haces para superar las situaciones que te han dolido a ti.

De hecho, se puede ayudar mucho más a alguien desde una posición de positivismo, de ternura, de comprensión, y de amor, que de dolor. El dolor y el miedo se come a las personas. La esperanza y el amor las expande. Es desde esta posición de expansión que le puedes ser realmente útil a alguien que está sufriendo.

Piensa en aquellos que más te han ayudado en un momento duro. ¿Sentían pena por ti? ¿Lloraban contigo? ¿O supieron mostrar compasión (que no es lo mismo que pena) y luego darte un empujón?

 

Joan Halifax, roshi (maestra) budista que trabaja con personas al final de su vida, habla de esto en su charla TED “La compasión y el verdadero significado de la empatía”. Ella se pregunta: “En qué consiste la compasión?”
A lo que explica: “Ante todo, la compasión está compuesta por esa capacidad de ver con claridad la naturaleza del sufrimiento. Es esa habilidad de mantenerse firme y reconocer que no somos ajenos a ese sufrimiento. Pero no es suficiente, porque la compasión significa que aspiramos a TRANSFORMAR el sufrimiento. Y si somos bendecidos, nos involucramos en actividades que hacen esto. Pero, además, la compasión tiene otro componente, y ese componente es esencial: no podemos aferrarnos al desenlace. (…) Cualquier apego al desenlace distorsiona nuestra capacidad de estar completamente presentes en toda la catástrofe. (…) y la compasión tiene enemigos, y sus enemigos son cosas como la lástima, la indignación moral, el miedo. (…)
Ahora sabemos por la neurociencia, que la compasión tiene algunas cualidades extraordinarias. Por ejemplo: una persona que cultiva la compasión, ante la presencia del sufrimiento, siente ese sufrimiento mucho más de lo que lo sienten otras personas. Sin embargo, regresan a su estado anterior mucho antes. Esto es la resiliencia. Muchos pensamos que la compasión agota, pero es algo que realmente llena de vida. (…)

Joan Halifaz habla de ‘resiliencia’ vinculada a la capacidad empática. De ser capaz de sentir el dolor del otro y luego volver a un estado de cierta serenidad para poder ayudar desde ahí. Y de que está es la verdadera naturaleza de la compasión.

 

Cómo empatizar con los demás y ayudarles sin ahogarse en el dolor ajeno

Creo que está es la clave para empatizar desde el amor y ayudar desde la compasión, versus a hacerlo desde el dolor.
Estas son cosas que me han ayudado a mí:

Empatiza de forma consciente y proactiva
Regula cualquier emoción con la que empatizas igual que regularías cualquier emoción propia. Deja que fluya por tu cuerpo, sin estancarla ni intensificarla. Haciendo esto cualquier emoción que te llegue de fuera llegará a un punto álgido y luego se irá disipando.
(si quieres leer más sobre regulación emocional, hablo más de ella en Regulación emocional (I) – o el arte de fluir con las emociones).

En la línea de lo que hemos dicho anteriormente:
No te estanques en el dolor ajeno ni lo intensifiques.

No estás obligado a romperte con el dolor ajeno para poder ayudar
Hace un tiempo solía pensar que tenía que sentir el dolor de los demás en todos sus matices para poder ayudarles mejor. Pero ahora creo que esto no es exactamente así.

Las experiencias dolorosas a menudo (si nos cambian para bien) nos vuelven más compasivos, más humanos, más tolerantes. Conocer el dolor te abre al dolor de los demás, a entenderlo y a saber un poco más qué puedes hacer para que se sientan mejor. PERO una vez has conocido una serie de dolores, no necesitas sentir el dolor del otro en toda su magnitud y en cada caso para poder ayudarle bien. Si te llega, está bien; pero no estás obligado. Puedes ser de mucha ayuda y ayudar al otro muy amorosamente sin la necesidad de estar sintiendo lo que siente con toda su intensidad.

Sé consciente de que siempre vas a sentir el dolor como lo sientes TÚ (el tema ‘empath’ no lo domino bien… sé que a algunas personas altamente sensibles les llegan las emociones de otros prácticamente sin filtrar, que pueden sentirlas casi como si fueran el otro. Esto sería una posible excepción a lo que voy a decir y lo dejo para tratar en otro post).

La capacidad empática está sesgada. Siempre vas a estar en tu cuerpo y vas a ser tú. Por mucha empatía que tengas nunca vas a ser otro o sentir lo que está sintiendo el otro como si fueras él. Lo sientes como lo sentirías tú. Sé consciente de esto.

Cuando la emoción que te viene de la otra persona o de una situación determinada (como una tragedia) vaya apaciguándose, ponte en modo proactivo
Pregúntate – ¿qué puedo hacer yo para aliviar este dolor? ¿Hay algo que pueda hacer? ¿Es esta mi batalla?
De esta manera, pondrás tu capacidad para la empatía al servicio de los demás y al servicio del mundo. Pondrás tu empatía al servicio de algo bello.

Escoge tus batallas
Es imposible poder ayudar a todo el mundo. Poco a poco, ves encontrando aquellas batallas para las que crees que puedes ayudar mejor o para las que más te apetece ayudar. ¿Por qué crees que estás en este mundo? ¿Qué causas llevas en el corazón?

Puedes ayudar en lo que quieras y diversificar, pero saber en qué causas principales está tu corazón te ayudará a priorizar esfuerzos y a no saltar de drama ajeno en drama ajeno como una pelota. Somos muchos ayudadores en este mundo 🙂  Si haces lo que está en tu corazón, no te preocupes, a lo que no llegues tú llegará otro para el que eso esté en su corazón.

Intenta no responsabilizarte del drama de otros ni tomes su lucha como si fuera propia
Intenta no vivir una historia ajena como propia. Ni tomar las riendas de ningún drama ajeno como si fuera propio. Sé que esto es muy difícil cuando se sobreempatiza.

Cuando sientas que te estás poniendo tanto en el lugar del otro que te estás responsabilizando de su historia, respira. Siente tu cuerpo. Piensa en tu vida, en tu camino. ¿Qué puedes hacer por esa persona desde tu vida, desde tu camino? No como si fueras él, sinó desde quien eres tú, sin dejar las otras responsabilidades y deberes que tienes para contigo y para con las demás personas de tu vida. Sin dejar de lado tu serenidad, tu paz. Esto no es ser egoísta, es poner los límites y la asertividad al servicio de una compasión sana. Vas a ayudarle igual de bien o mejor desde esta postura y te quedarán energías para muchas otras cosas.

Ayuda desde el corazón, y desde la esperanza; no desde la culpa
Las personas altamente sensibles tenemos cierta tendencia a dejarnos llevar por el síndrome del superviviente (escribiré un post centrándome sólo en esto). A sentir culpa por estar en una situación que nosotros percibimos como más beneficiosa que la de otros que creemos que están sufriendo mucho.

No te sientas culpable de tu felicidad. De tu serenidad. De tu plenitud. Es desde ahí que vas a crear belleza en este mundo.

Cuánto mejor estés tú, mejor podrás ayudar a los demás. Tu plenitud, tu felicidad, si la usas para cosas bellas SIEMPRE está al servicio del mundo, siempre SUMA, nunca resta. Tienes el derecho (e incluso me atrevería a decir que el deber) de vivir una vida plena, una vida lo más bella que puedas.

Empatiza para el amor, no para el dolor.
El objetivo final de empatizar es el AMOR. Es la cooperación. La solidaridad. La hermandad. No es que todos vayamos por el mundo llenos de dolor. Cuando el dolor ajeno se te meta en el cuerpo y te cueste salir de ahí, piensa en esto. El objetivo no es que tú te rompas de dolor. El objetivo es que comprendas lo que está sintiendo otro para amar, para ayudar, para crear belleza para los demás. Que entre todos tengamos una vida mejor y creemos un mundo más bello. El objetivo es transformar el dolor en amor.

Sentir el sufrimiento ajeno forma parta de tu capacidad para la empatía. Es una cualidad. Pero dejarte llevar por ese dolor no le beneficia a nadie, ni a ti ni a los demás. El objetivo de empatizar es la cooperación, es el amor. Sentir el dolor es sólo un paso para poder llegar ahí. No te estanques en el dolor. Trascéndelo, transfórmalo. Crea belleza para los demás 🙂

¿Cómo llevas tú las situaciones de dolor ajeno? ¿Tienes tendencia a la sobreempatía y te cuesta  que no te absorban? ¿Qué recursos tienes para sobrellevar o equilibrar esta tendencia? ¿Cuál crees que es el objetivo de la empatía?

¡¡Me encantaría que compartieras un poquito de ti en los comentarios!!

Un fuerte abrazo,

4 comentarios en “La alta sensibilidad y el ‘dolor del mundo’ – Cómo empatizar sin ahogarse en el dolor ajeno

  1. Me encanta el artículo y cómo escribes, aparecen muchas ideas claves que también a mí me han ayudado y que has tenido uan capacidad de síntesis genial. Creo que estas reflexiones suponen el “click” para decir basta a la inercia de la tremenda empatía y tremendo desgaste de pensamientos, tiempo, energía, salud, etc. Por otro lado ando explorando también la idea de solidaridad. ¿Cómo podría encajar en todo este entramado? Quizás el estar yo bien, también, para ayudar o contribuir a que el resto esté bien es fundamental. Pero las transformaciones a veces pasan por un aumento de la consciencia colectiva de una problemática o situación. Cómo conseguimos crear esos lazos de solidaridad aunque cada una esté focalizada en unas pocas batallas?

    1. ¡Hola Irene!
      Es muy interesante lo que planteas entorno a la solidaridad. Yo me guio bastante por el ‘Sé el cambio que quieres ver en el mundo’. Cada uno con nuestro granito de arena, guiándonos por este principio, creo que podríamos ir cambiando la ‘consciencia colectiva’ como dices tú. Creo que actuando de corazón, desde el amor, estos lazos de solidaridad se crean por si solos, es como una red invisible que se va tejiendo, aunque cada uno se centre en sus ‘pocas’ batallas. ¿Cómo lo ves tú?

  2. Gracias por tan buen artículo Clara, yo lo del dolor ajeno lo llevo algo mejor después de pasar por varias fases, la primera era hacer el dolor de los demás mio. Luego llegó el sentirme desgastada y sin apenas energía para seguir adelante, después pase por la fase de encerrarme en mi misma y aislarme todo lo posible para evitar el sentir con tanta intensidad o tener la sensación de que si no me implicaba en los problemas estaba actuando de manera egoísta y ahora estoy en una fase de buscar el equilibrio, tomando una cierta distancia para poder decidir con más serenidad lo que puedo o no aportar y aprendiendo a poner ciertos limites.
    En mi opinión el objetivo de la empatía es entender los motivos y actos de los demás y de nosotros mismos para poder actuar con ecuanimidad y compasión tanto en los asuntos propios como ajenos.

    1. ¡Hola Maribel!
      También has hecho tu camino con la empatía 🙂
      Esta frase tuya me ha encantado: “En mi opinión el objetivo de la empatía es entender los motivos y actos de los demás y de nosotros mismos para poder actuar con ecuanimidad y compasión tanto en los asuntos propios como ajenos.”
      Casi me gusta más que lo que he puesto yo 😉 ¡Está muy bien explicado!

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